24 de noviembre de 2007

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos


Y ahora con el sexo en los ojos,
planeo que inventarle a mi garganta,
lluvia,
humedad en los tímpanos y yo no puedo ocultar un “a wevo” que sale de mi sonrisa.
No pienso, solo escribo, placeres carnales, o como lo quieras llamar
“todos tenemos una oportunidad para amar”.
Los días grises me traen recuerdos como el de hoy,
me seque el pelo en sus ojos, y me trata de hacer sonreír a un que no tuviera motivos.
Yo domino,
muerdo su labio
y después todo va de nuevo,
cambiamos de posición,
me canso.
Razones nos vieron y realmente no conozco su razón.
Que ansias al no poder taparlas:
primero lo conozco, muy a fundo.
Después decisiones me comerán los senos.
Ahora me siento sexy,
con un aderezo en la boca que le agradezco no tomarlo en cuenta.
Soy soledad en los dedos con muslos de caricias sin indiferencia.
Son juegos, sin patadas
(que yo me encargo de hacerlas) mordidas o chupetes.
Me agrada su saliva,
no lo puedo negar y me regreso a la Febe perdida o encontró a Soledad.

Tengo un catrín

Tengo un catrín:
Un catrín que come globos y serpentina
Tiene orejas con las corneas y hermafroditismo en los paraguas
Sueña con comer chocolates suizos, alimentar su ego con llovizna desalmada
Con las orejas puede hacer sonreír a un huérfano.
¿Su voz?  Su voz afecta a los aullidos de los lobos y aleja los gemidos nocturnos.

Espera besos, en el bigote y toma tasas de te al medio día.

Cuando llora, su paraguas distrae los morbos y seca cada paso que da mientras sus mejillas rojas evaporan las sales.

Esos dientes, muerden cada labio que toca su esmalte, desintoxica los malestares prostáticos.